jueves, 30 de noviembre de 2017

Un sueño maravilloso y las ganas de mear.

Duermo mal, como un político con la conciencia tranquila cuando lo investiga un juez, pero ayer dormí a pierna suelta y hoy no quería que amaneciera. Las noticias serán parecidas y, constipado, Patricia no me deja visitar a Ian y Enol. ¿En qué libro leería esta hija mía que un güelu no puede visitar a sus nietos por estar constipado? Sí, claro, pregunto por si un acaso, pero no, además, dije dormir y soñé. Duermo mal pero soy un soñador obstinado. Soñé un sueño tan maravilloso que no quería que amaneciera, la verdad es esa y no las noticias serán parecidas ni el constipado.

Y soñé que vivía en un país con políticos honrados que me recordaba al verlos que un día cualquiera el ambiente fue transparente, sin ruidos ni poluciones y estaba habitado por ciudadanos comprometidos que caminaban por calles sin prisa ni aglomeraciones, eran ciudadanos que no temían abrir un periódico y leer que Cáritas había echado cuentas y somos más pobres que ayer. Uy, pero qué digo, yo nunca sueño verdades, en realidad soñé que vivía en un sitio tibio bañado por el Mediterráneo: Les Seniaes, donde no se echa en falta el pasado ni interesa el futuro, solo el presente, donde un abrazo va acompañado de un beso y un sentimiento de afecto, unos ojos decidores y un verso. Una amiga. Un te quiero y un sí rotundo. Pero en todo momento, para que el diablo no se ría de la mentira, fui consciente que era un sueño que debía cancelar para mear. ¿Alguien sabe cómo soñar un sueño maravilloso sin que te entren las ganas de mear? O si tiene que ser porque sí: ¿Cómo se puede volver a un sueño maravilloso después de mear? Gracias.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

En consecuencia.

De vuelta a la verdad del viernes negro, de todo eso tan necesario según mi esposa, lo superfluo, me encuentro con la casa abarrotada de trapos. ¿Ahora qué? Lo que compró para mí (necesario por si las moscas), ¿dónde lo meto si no me coge una percha ni otro estante en el armario? Como Víctor Manuel: "Cuando nadie nos vea sube al desván".

Lo superfluo nos convierte en mendigos de la pobreza, nunca fuimos tan pobres; la verdad es esa, pero existen otras verdades, y entre todas, una raya la ignorancia supina al endeudarnos para aparentar... Nada hemos aprendido. Pero en la vida no todo es malo, por lo tanto, si algo bueno tiene este desenfreno, que atarantada Kristel de vender trapos mucho, pero de comisiones 300€ (Kristel trabaja a porcientos). ¡Viva el viernes negro!. Eso sí, pasadas las navidades le devolverán la mitad de los trapos. Ustedes dirán si no es para calar Les Seniaes con lágrimas de sangre. Gracias.

martes, 28 de noviembre de 2017

De vuelta al pueblo de Patricia.

Unos días en el hospital y de vuelta al pueblo de Patricia todo está manga por hombro. (Mujer, así no se hacen las cosas). Si acabo el año, por María, la Magdalena, que no vuelvo a luchar por ninguna causa perdida. Ya me explico:

A la entrada del pueblo de Patricia se está reformando un jardín y antes de irme al hospital (Patricia bien, gracias, y Enol otro cielo de bebé. Se me amontonan los quereres) estaba la obra patas arriba, quiero decir que era un montón de piedras (sin proyecto de ejecución a pie de obra) pero ahora el jardín, parque, terraza o matadero cogió forma con tres salidas: dos lateras y una central. Las laterales desembocan a una calle por un paso de peatones, pero la central ay, la central es otra historia: tiene salida a la carretera de entrada al pueblo y tres calles adyacentes que van a parar al que se conoce como entronque más peligroso del pueblo. ¿A quién se le ocurrió? Los viejos caminamos lento y los niños no ven el peligro acercarse. Y por si fuera poco el despropósito la salida está situada en una curva, con lo cual, para mirar si viene un coche tienes que salir al medio de la carretera. (-Sí, claro, pero esa salida viene de siempre. -Y la cabra que tiraban desde el campanario de la iglesia y ahora no también viene de siempre). Gracias.

lunes, 27 de noviembre de 2017

De todo y de nada.

Y dale con la Navidad. Estas fiesta me superan. Y mi suegra que llamó para interesarse por Enol. Nos tenemos que querer sí y sí y sentar a la mesa a quien no vemos en todo el año. Y recordar tiempos peores. ¿Qué tiempos fueron peores? Las navidades son tiempos de poner a prueba nuestra capacidad de aguante, de morder la legua, de beber para olvidar. Como si uno pasara un desierto sin cantimplora ni sombrilla. La Navidad gusta a los niños y a quien le guste si no es niño a mí no. Vivimos tiempos individuales y, sobre todo, tiempos de inseguridad e incertidumbre.

Otros años no recuerdo, pero miro el calendario y aún quedan semanas, no muchas pero semanas, y creo, ay, no sé. Cedería, me rendiría, me tiraría al monte o a un camión. ¡Mátame camión!, pero mi familia me necesita vivo. Además, tengo que querer a Enol (por cierto, eché en falta tu presencia en el hospital) y luego verlo crecer como veo crecer a Ian. Se trata de vivir el presente y hacer lo posible para que el futuro no se me vaya de las manos, o alguien que me haya querido me diga que el futuro fue ayer. El futuro no fue ayer. A pasar de las malas compañías. "Mi santa madre me lo decía: Cuídate mucho, Juanito, de las malas compañías". (Joan Manuel Serrat). Gracias.

domingo, 26 de noviembre de 2017

El desahogo.

Los viejos y no tan viejos en el pueblo de Patricia cantan por la calle: "Que viva España" de Manolo Escobar y sacan banderas de España al balcón. Como en Catalunya antes de que la politiquería se hiciera dueña de todos sus días.

Viene lo de arriba al caso porque a mi suegra también le gusta Manolo Escobar. Y a mí no me gusta mi suegra ni las navidades. Alguien pensará qué pinta mi suegra en este entierro. Disculpen, pero para mí decir Navidad es decir mi suegra, rendir el albedrío, politiquería y Asturias patria querida. Mi suegra como garante de la legalidad vigente.

La política como fórmula mágica para solucionar todos mis problemas, vaya por Dios (tú sí que sabes). Solo Asturias patria querida se salva, y se salva porque acaba mandando España. Y España manda cuando se acaba el vino. ¡Viva el vino!. Estaba feliz y aparece mi esposa anunciando la Navidad. Y con la Navidad vendrá mi suegra y las angustias y los dolores y la muerte aunque nadie la quiera ver. Terrible el atarantamiento. Lamento el desahogo. Gracias.