lunes, 3 de junio de 2013

Soy mi palabra

No creo ser diferente a la mayoría. Creo en un mundo mejor. Tengo hambre y sed de justicia. Me duele la sociedad. Y me duele el alma. Mi alma herida que transciende a la verdad. De ahí que mis sentimientos no estén en la onda. Tengo dificultades para cambiar mi proceder. A veces lo consigo y la mayoría no. Intento cambiar si me doy cuenta que he obrado mal, pero siempre llego tarde. Lamento ser lo que soy.
  
Una pena ser como soy. Un lamentable error que no puedo evitar. Una paradoja de la exclusión. Si pudiera me despojaría de todos mis egoísmos y compartiría más, sobre todo los afectos. Soy así, y aunque me gustaría ser diferente no puedo. Llevo en silencio mi forma de ser, y como soy incapaz de abrir mi corazón a quien me interesa, plego velas y hoy paz y mañana gloria. ¿Qué más puedo hacer? Según lo veo nada. Nada pido nada espero. Sino el respeto de quien respeto que es a todo el mundo. (No tengo conciencia de haber cometido lo que alguna me atribuye).
     
Conciencia moral. Llevo años pidiendo perdón y nada vale: soy incapaz de cambiar. Sinceramente creo que no volveré a intentar orientar mi vida por otros derroteros que no sean los que considera capaz de controlar... No excluiré a nadie ni permitiré que nadie me excluya. No soy una marioneta, ni objeto de consumo. Soy mi palabra. (Vuelvo a mi mundo).

El Tuit de un lunes que ya se verá...

"Lo peor del amor es cuando pasa, dicen".

Parafraseando al Sabina, lo peor del amor es cuando pasa, entonces, ¿lo mejor del amor es cuando queda?

Napoleón Bonaparte dijo: "Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo". (Veremos).

A una amiga le digo que la quiero

Porque hay, hablo de hombres antisociales, son viejos gruñones, esos que mandan sus amigas de vacaciones cuando más los necesitan, los de actitudes sinuosas que nunca se sabe si suben o bajan, van o bienen, o hasta dónde pueden llevarles sus instintos antisociales. Son infieles de corazón. Es un tipo de hombres detestados por las amigas. Sé de qué hablo, y de quién para más señas. (Estos días estuve de práticas, practicando el haragán sentimental).

Ayer en la peluquería, cayó en mis manos una revista muy de fiar en la que había un estudio del todo fidedigno, contrastada su fuente y de muy buena fe. Y añadiría que va para bendito por ir unido a todos los caracteres citados. El estudio se refiere a un tipo de gente falsa. También cayó en mis manos (alguien pudiera pesar que vaya suerte la mía, que mucho cae en mis manos cuando voy a la peluquería. Pues nada de suerte, en una peluquería hay mucho de todo) el suplemento del estudio (lo quiera o no tendré que aparecer), trata de lo mismo, pero más en la linea de gente perezosa, infelices con la vida que permanecen en un estado depresivo que asusta, gente que no sabe manejar su ira o, por el contrario, la reprimen inadecuadamente. Gente del mal vivir.

Una amiga me dice que ha dejado de escribir, que le duele el alma y que tiene el borrador encharcado de lágrimas... (De seguir en este plan esto tiene aspecto de alargarse). La animo a seguir escribiendo, a dejar el sentimiento herido para cuando los días sean más largos y los besos eternos. Pero no hay maneras de querer. Una amiga es testaruda. Yo quería saber, y ella no me contaba: solo escribía para el borrador a la vez que se hundía más en su propia pena.

Aconsejaría a una amiga alejarse de viejos gruñones infieles de corazón y nunca dejar de escribir. Dejar de escribir no es bueno, porque llenas el borrador y luego te lías, te contradices o no sabes por qué escribiste aquello hace días, qué sentías, a santo de qué, o por qué alguien te alteró el ánimo de aquella manera... No es bueno dejar de escribir (tampoco permitir que te adulen). Sin embargo, para dar consejos hay que saber escuchar, y sobre todo ser amigo. Yo, de viejo, doy consejos que aprendo en libros de autoayuda. Son consejos para salir al paso sin comprometerse con la causa amiga. A una amiga en particular le diría que cambien su dolor por un lápiz. Un lápiz de colores. Y que escriba sobre algo que le llene de satisfacción, que la haga feliz. Con un lápiz de colores se pueden escribir grandes historias si so se olvida que existe una mano que lo sostiene y dirige. Esa mano, si se siente que va pegada a un hombro y que siempre está ahí, qué importa cómo se llame y lo que diga o escriba cuando su alma se desbarata... Es de suponer que todos y todas tenemos altibajos. Que todos y todas pasamos por malos momentos, y que si de escribir hablamos, al escribir con el corazón, a veces se escriben cosas que no se sienten. Lo del lápiz es un consejo que no viene en los libros de autoayuda, y ojo, no conviene olvidar de cuando en vez sacarle punta y a la mano dejarla descansar. También recordar que en la parte superior del lápiz hay un borrador para cuando proceda. Aunque corregir lo mal escrito no significa que sea malo, solo que algo se debe rectificar. Y siempre tener cuidado de lo que se escribe, porque se quiera o no, el lápiz deja marcas en el papel. Borrones que pudieran llegar a ser según el pulso.

A una amiga, con la mano en el corazón le digo, que la vida deja heridas y que conviene ser consciente de lo que se lee o escribe en la medida que uno crea que puede aportar a sus colindantes, sobretodo paz y armonía: Si tú me das yo te doy. Hablo de amor, no hablo de política que todo se compra y se vende. Y de esperanza para pasar este jodido bache. A una amiga le digo que la quiero.

Se ve a simple vista: de soslayo hoy anda metido en asuntos del corazón, a veces feliz y otras que no sabría decir. Pero siempre confiable y enamorado de la vida. Y sin límites dentro de un orden ordenado (por su ordenador) en su pedacito de cielo: Les Seniaes (donde todo comenzó), y en la esperanza de que algún día le lleguen a querer, si por casualidad alguien pasa por aquí y decide quedarse...

domingo, 2 de junio de 2013

Al morir la tarde

Todos tenemos nuestros asuntos inaplazables y nuestros sentimientos; algunas penas y otros descuidos. Sin saber por qué, los sacamos a pasear como tema de conversación preferido. Inconscientemente, hablamos sin darnos cuenta que alguien nos escucha o lee. Es contraproducente hablar de ellos en todo momento. Un día vale, otro también, pero más cansa, y sin darte cuenta haces que tus interlocutores se sientan incómodos. Si te das cuenta a tiempo, digo a tiempo de que se vayan y te dejen con la palabra en la boca, callas, y entonces te viene a visitar un estado de ánimo depresivo. Lo suyo sería hablar con alguien que sepa escuchar y aconsejar. Pero es difícil encontrar ese alguien. Cambiar de proceder suele dar resultado al morir la tarde. Y ser feliz. Hay gente que es feliz y no se entera. ¡Joder, dona, no me sale nada romántico!.

El Tuit de un amor de urgencias

"No me llames cariño, no necesito caridad... ".

Cualquier momento es bueno para regalar un poema. Y para hacerse preguntas. Ahora me viene una a la cabeza: ¿vamos hacia un amor compartido o hacia un amor en retroceso? Caridad es mi amiga. Y no la cambiaría por un amor de urgencias.