viernes, 28 de agosto de 2026

No vuelvas, ni me llames; prefiero esperarte.

Hay mentiras por las calles que se venden (miedo me da tu endiosamiento indulgente) como puñaladas de misericordia para sentimientos inactivos. Habiendo, como hay, verdades que cantar: ¿Qué ganas cantando mentiras? Hay mentiras que duran lo que dura una duda razonable. En un descuido, uno se entrega a la amistad y, sin embargo, como Ayuso, "chao 'pescao".

¿Qué me dicen de quien lanza mentiras al aire y las defiende por encima del quebranto y la vergüenza de su afrenta?

¿Qué me dicen de quien invita al azahar a que acoja sus mentiras para salir en tropel como si fuera su vida en ella?

¿Qué me dicen de quien quiere tener el poder de un solo dueño con apariencias democráticas?

¿Qué me dicen de quien juega a la ruleta rusa con el dolor de la gente de corazón que existe más allá del dolor de alma?

Y qué me dicen de quien heredó el olfato político y el amor por los libros de su precursora, "la que no debe ser nombrada".

A las puertas del cielo no me encontrarás esperándote. Si no me ofreces nomás que los excesos de tu existencia, te puedes dar por exiliado en las elecciones. Deberías saber que los adioses son para siempre en mi impagable soledad. Tal que Anna Ajmátova: "Estamos tan intoxicados uno del otro que de improviso podríamos naufragar". Y yo añado, entre la brisa del mar y sus brumas. Traicionaste la verdad recopilando pasiones impuras. (No vuelvas, ni me llames; prefiero esperarte). Gracias.

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