Tu plan resultó casi perfecto. Primero hiciste de samaritana ilustrada, convenciéndome de que lo tuyo era desinteresado, ay, que solamente tenías intención de aliviar mis días con tus pócimas, con los deseos de la lámpara de Aladino, aunque nunca entendí por qué dijiste que te faltaban unas decenas de miles de libros por vender. ¿Acaso una errata literaria? Imagino que no tardarás en volver al primer capítulo. No caíste en la cuenta de que dejar de fumar para ti era más que menos creíble que desacreditar la prueba de inocencia por un vendido a la fiscalía. Mucho hablarán de cómo me atrapaste con tu palabrería. Y, sin embargo, puedo decir que nadie te ha soñado como yo, más allá de la caricatura de un libro de autoayuda para dejar de fumar. Tan siquiera han advertido que eres una receta paramédica. Eras niña y ya soñabas con caminar por la alfombra roja. Has crecido en tus sueños. Y ahora asomo en tu vida como un cáncer. (Me iré y seguirás descifrando este recado). Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario