En estos tiempos, muchos no entienden aquello que pensaron los griegos, rescató Lope de Vega y cantó el Sabina sobre cuidarse del peligro de llegar a ser tan pobre que uno solo tenga dinero (qué daría por una mano y un brazo pegado a un hombro. O una Carmen bella para vivir cercano a la felicidad). Le ha ocurrido a más de uno que, después de investigar sus cuentas, llega a la errónea conclusión de que no es rico, nunca lo fue ni lo será. Miserable. Naturalmente, el camino no era ese, tampoco el de la credibilidad (la credibilidad no es una meta, es el camino), craso error, patrón (jódete, patrón). Mi hija corre a mí con las manos vacías y yo las lleno de esperanza con la dicha de que ella, consciente, lo entienda, pues, insisto, las cosas nunca ocurren por casualidad. (Ya habrá tiempo para regresar al mundo de los muertos y sus querellas). Gracias.
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