Siempre hay un sentimiento de tranquila y agradecida soledad cuando a una hija le toca pensar en su futuro incierto. Quizá crean ustedes que mi mente absurda dio en loco por pensar de alguna forma que me siento felizmente emocionado porque a una hija le vayan mal las cosas, y no es cierto. A quién se le ocurre pensar tal canallada... Ya me explico: una de mis hijas tiene problemas con el patrón (jódete, patrón) y a ella sí que le vendría bien un cuarto y mitad de tranquilidad, de estabilidad en el trabajo y de un salario justo, pero está convencida de que no lo conseguirá porque el patrón (jódete, patrón) culpa de su incompetencia a los demás y en eso anda. Pero las cosas nunca ocurren por casualidad. (Con el perdón, sigo mañana).
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