A mi esposa los propósitos de Año Nuevo que pueden ayudarla a mejorar su calidad de vida los agotó hace siglos. Ahora le preocupa dejar de fumar, pero no mucho. Dejar de fumar para mi esposa es imposible. Lo intentó mil de veces y con ayuda psicológica; a mi esposa le chiflan los psicólogos, sobre todo en lo que tiene que ver con la fuerza de voluntad. La psicóloga se lo explicó con todo lujo de detalles, incluso le hizo un esquema de reducción para simplificar el problema y dejar de fumar poco a poco, por semanas. Y para esquivar el autoconocimiento y negar su propia realidad, a escondidas de sí misma subía a la terraza a fumar, así se cargaba de razones para mentirle a la psicóloga. Mi esposa no fuma un cigarrillo al día, ni medio a veces, mi esposa fuma una cajetilla o más como poco. Logró metas en lo que tiene que ver con la familia: mejoró mi vida, que ya es decir, y la de nuestras hijas. Mi esposa es una mujer maravillosa; mi esposa es santa poesía, pero fuma, aunque lo negaría ante los tribunales de justicia. Lo sabe la psicóloga y lo sé yo, ella no lo sabe porque miente y se lo cree. Gracias.
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