miércoles, 31 de diciembre de 2025

Permita, Dios.

Permita, Dios,
que no se agote mi memoria
antes de que nazca Ian.

Permita, Dios,
amoldarme a su cara de bebé 
nacido del amor.

Permita, Dios,
porque si su madre es mi hija e Ian su hijo.
Quiero vida sana, quiero tiempo. Tiempo de amor.

Permita, Dios,
contarle de mis guardados recuerdos
algunas historias sobresalientes de su madre.

Permita, Dios,
tomar con él libre alguna tarde:
quiero tenerlo en mis brazos al despertar de la siesta.

Permita, Dios,
guardar su mirada de ángel en mi corazón antes de nada.
                                                        Cuando más bella es la vida.
Permita, Dios.
Permítalo.
Antes de nada.

A Ian, por nacer.

martes, 30 de diciembre de 2025

El paraíso donde todo comenzó.

En Les Seniaes, el paraíso donde todo comenzó, donde se juntan las vidas paralelas y la mente está en permanente estado de alerta, cada mañana pasa una aurora embriagada en un beso húmedo, la aptitud que levanta el ánimo y lo propaga hacia la dimensión de los sentimientos sinceros. Aquí el alma nacida sale indemne ante cualquier injusticia, porque la tristeza que empuja la esperanza al foso de la intranquilidad y la depresión se entregan a la santa poesía. Pero en Les Seniaes también se encuentra el miedo y las dudas infundadas. El deliro que sobrevive en una amalgama de contradicciones. La oligofrenia catatónica. Sin más, en Les Seniaes, y en la edad de la autoestima, la sabiduría y los consejos, desaforado el potencial del milagro de la floración del azahar que conjuga lo imperceptible con lo inaudible, escribo el día que me gusta vivir y, como un Jesús el Cristo crucificado, como un Quijote sin Mancha... Disculpen, me estoy yendo, diciembre es un mes difícil, y, aunque sé que recordar no es vivir... pero ayuda... pero ayuda... 2026 será un ramillete de justicia poética. ¡Ah!, sí. En una sociedad que se ha quedado sin utopías ni fe en nada... solamente angustia criminal... Sin un mañana de sacro fornicio las caricias de emergencia siempre fueron amores pasajeros. (En fin, dejémonos de sandeces, en realidad escribo para ustedes). Gracias.

lunes, 29 de diciembre de 2025

El 2026 que me espera.

Al inicio de un nuevo año me permito hacer balance del anterior procurando recordar de manera positiva lo ocurrido y cerrar el año animado con los nuevos amaneceres. Apenas despierto y ya siento volar mi ánimo por el camino de la revolución con nuevos propósitos que nunca me preocupo de cumplir, aunque algunos ya son un auténtico clásico de la obstinación de Año Nuevo. Pienso que tengo que dejarme de pamplinas y hacer algo bueno por los demás. Pues entonces solo hay un camino: presentarme a las próximas elecciones, ganarlas y otro más a vivir del cuento. -¿Tú en política? -Vaya, sí, quiero hacer algo bueno por la gente. Ahora que asomas: si entro en política y a tu lado, recobrarías la esperanza y me aguantarías la mirada. -¿En serio? -No, ni en sueños, la mirada no me la aguantarás: ese será tu castigo. Desde el poder que te dieron las urnas, y tu sicario, maltratando a una trabajadora... ¡Miserable!. Don Quijote nos enseñó a mirar a la mujer con los ojos del alma. Me sobran años para acariciar desde el púlpito lo que defendí en mi vida: la ética en la función pública. Joder, dona, con el alba me doy cuenta de que sucumbí a la autoestima. En este lluvioso y frío e irónico invierno pienso que tal vez. En breve entrará 2026 y volveré a escribir el día en un de soslayo paranoico con múltiples identidades. (Y puestos: ¿Señor Dios, para cuándo la sanación de la mente? El 2026 que me espera lo imagino pleno del Espíritu Santo con el sacrificio que conlleva). Gracias.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Para santos, los inocentes.

El año finaliza y la reflexión surge inevitable acompañada de una pregunta: ¿Cómo se ve el país ahora que el 25 es historia y el 26 aparece con sueños de insomnio? Hay sospechas crueles de país fallido. Hoy, 28 de diciembre, hablemos de lo peor para que el próximo año podamos hablar de lo mejor. Y comenzaremos citando ausencias, horrores, fracasos. Por suerte mi suegra no vino, pero me envió un deseo de Fin de Año: un candil para buscar en medio de la triste ética que vive el país una militancia ciudadana solidaria. Lo peor del amor es cuando muere. Peor que el desamor es ver cómo destrozamos el orden social indispensable para vivir en sociedad. El chantaje crece, la discriminación avanza, la delincuencia se adueña de todo y la violencia de género es un crimen ininterrumpido: "48 Mujeres Eternas". Este país ha perdido el principio de autoridad que es la antesala infeliz del caos. Las derechas no se serenan y siguen sin aceptar el resultado de las urnas. El pueblo ya no es soberano, quizá ni el rey lo sea. Entonces, más que conceptualizar, demos ejemplo que es mejor y más didáctico: volvamos a la escuela y empecemos por los ejemplos para que este país no se convierta en un infierno. Escribo y pienso en el Pueblo de Patricia, pues me duele especialmente, pero este complot es nacional. Lo peor de 2025 que acaba con excelente cuenta de resultados de las grandes empresas, incluyo los usureros, a la vez que sin pudor ni decencia escatimaron los salarios de los que siempre pierden al no querer acordar los empresarios con los sindicatos y el gobierno, ha sido la pérdida de la fe en el futuro del país y en los demás, y el amor entre nosotros. Cuando menos, deseémonos una feliz entrada de año. Gracias.

sábado, 27 de diciembre de 2025

A cuatro días del nuevo año.

Para despedir 2025 lo tengo preparado de manera precisa, como persona precavida que organiza las grandes despedidas. A eso de las diez de la noche me sentaré a la mesa y escucharé música a todo volumen, lo más escandalosamente posible para ir entonando el cuerpo y luego me daré a la bebida, beberé hasta perder la conciencia para olvidar lo malo del año: las corruptelas políticas que se hunden en el fango de las conductas, los silencios de los monseñores que lamentaría el Señor Padre, pues no creo que esté al corriente de la impunidad de quienes representan su iglesia. La lentitud de la crisis con sus días y las miserables incoherencias que impiden a la mayoría de la sociedad tener lo elemental para vivir dignamente. Y los peores empresarios amigos de Rajoy. Y los usureros. Y la gasolina y la electricidad y la cesta de la compra. También lloraré de impotencia porque como cada año se encuentran en distintas partes del mundo (casi siempre las mismas) guerras que conducen pueblos sin esperanza al exterminio. Por las enfermedades sin vacuna, por el hambre que mata, por los abusos de poder, la explotación, la violencia de género, por tanta injusticia que existe en el mundo y sus horribles consecuencias. A cuatro días del nuevo año a uno solo le apetece emborracharse, perder la conciencia e intentar, simplemente, olvidar 2025. 

Aclaración a lo de arriba: Lo de arriba es cierto, pero si dudan hagan memoria, repasen la hemeroteca y comprobarán cómo avanza por el mundo una sociedad indiferente con sus descuidos del brazo. Realicen el ejercicio y griten su verdad al viento para que se enteren los creyentes anegados en llanto y los agnósticos con Marx. Para que se enteren los políticos sin prisa, capitalistas sin miramiento y ladrones de guante blanco. Para que se enteren en la Moncloa, en el Congreso y en el Senado. Para que se enteren los testaferros de la tirria. ¡Que se enteren todos, joder!. En fin, que con la llegada del Nuevo Año y un manojo de esperanzas la salud no nos dé la espalda. Por un año 2026 de logros y grandes momentos compartidos. Gracias.