Ayer Ian saltó la portilla entró en casa se sentó a la mesa y güelu, la merienda... y el futuro por hacer. El futuro siempre está por hacer, cada día, y así, en cada aurora se nos presenta abierto a nuestros propósitos. En consecuencia: somos nosotros quienes estamos obligados a crearlo según nuestros intereses, o adaptándonos a él. Recordemos que el hombre propone y Dios dispone. Cierto es que cuando somos mayores los asuntos inaplazables se nos amontonan y a veces damos en loco. Tal vez sea esta la verdadera lucha que nos impide ir más allá de una existencia tranquila, cuanto menos para no dejar que la vida se reduzca a un pasatiempo de propósitos inútiles. "La dama que no me deja ir" asegura que el 80% del sufrimiento que soportamos es fruto de la imaginación. Como "la que no debe ser nombrada": somos masoquistas, o algo peor si existe, porque no deja de cantar boleros en el lavadero municipal. (Nadie nos sacará las castañas del fuego, a no ser que, ante las múltiples bondades que ofrece la IA, nos diseñe un futuro capaz de solucionar cada dilema que se nos presente). Gracias.
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