En un paraíso donde podemos elegir cualquier cosa, porque cualquier cosa se nos concede, elijamos tomar conciencia de nuestras obligaciones. Tan importante como levantar la voz es escucharse, guardar silencio como oírse y ver qué propósitos nos interesan y tomarlos como actitud de vida equilibrada. Egoístas somos, más que menos somos, por eso, de cuando en vez es imprescindible hacer una pausa, y no solo para tomar aliento y descansar de los impedimentos del camino, también para mirarse al espejo y enmendarnos antes de que el agotamiento físico y mental nos eche a perder la salud. Únicamente tomando conciencia de que solo caminando por el sendero de la armonía -paz interior y la coherencia entre mente, cuerpo y acciones-, del bendito amor y la santa poesía -¡estamos obligados a querernos!- podremos establecer un mundo mejor para todos y todas. Bajo esta práctica de sana cognición hay esperanza. (En tu mano, en mi mano, en nuestras manos). Gracias.
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