De otro tiempo y otra vida recuerdo a una amiga y madre a la vez... ¿Recuerdan? Lo escribí días atrás. Una amiga que fue. De manera súbita la visitó la humildad. Lo esperaría de cualquiera menos de ella. Yo en la vida. No sé cómo ni cuándo llegó a su cabeza esa cura de humildad para ponerse en contacto con mi esposa y hablarle en tiempo pretérito. La culpa no tiene dueño, lo digo cuando el asunto viene al caso. ¿Por qué será? ¿Y el perdón? ¿Por qué no viene el perdón al caso? No hay caso ni hay perdón. Necesita una inyección de poesía en vena para incrementar la creatividad continua, cuanto menos para reparar los males interiores que aletean en el desconsuelo más despiadado. Tú escúchame: Si le hubieras pedido perdón, al despertar el día la tendrías a tu lado arropándote... acariciándote... como tantas otras veces, recuerda. Te sigue queriendo a morir. Pero si te sirves de ella para llegar a mí, yo, como el bolero: "Espérame en el cielo, si es que te vas primero". Gracias.
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