Tengo escrito que el Pueblo de Patricia me duele especialmente por los políticos, por su ilusoria voluntad política, pero sobre todo me duele el futuro laboral de los maestros derrotados en las tiernas batallas del desamor con un musitar entristecido a coro con Amado Nervo: "Todo en ella encantaba, todo en ella atraía: era llena de gracia como la avemaría". El salario de un maestro con oposición aprobada en una bolsa de trabajo que no paga las vacaciones, el alquiler, ni llena la nevera. Es decir, el salario de un maestro ni siquiera da para llegar a fin de mes muerto de hambre. De ahí qué, y en todo caso, sin concretar quiénes están capacitados para ser maestros porque estudiaron y aprobaron, no es posible hablar de recuperación efectiva ni del relanzamiento de la educación pública. A esos políticos sin voluntad la justicia social siempre les lucirá extemporánea, improcedente, fallida. (En este clásico y su gloria, a los maestros, nunca les llegará el día de la estabilidad laboral). Gracias.
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