De otro tiempo y otra vida recuerdo a una amiga y madre a la vez, a su hijo y una actividad extraescolar que la maestra del cole les aconsejó en la que no participara su hermana mayor. La maestra quería que su hijo fuera él mismo, el que sentía, y no otro cualquiera. Entonces, la madre, como hoy es el Día Mundial del Flamenco, lo llevó a la escuela de Flamenco. Ya en el colegio, la profesora animó al niño para que pasara al salón de baile y que se fuera identificando con los demás niños que bailaban mientras ella conversaba con su madre. Y conversaron hasta que el niño salió del salón y su madre, entusiasmada, como Calimero, le preguntó qué tal y qué alegría. El niño dijo: "bien, yo también estoy entusiasmado". Su madre le explicó el horario y que el lunes empezaba las clases. Ya en casa, desasosegado el niño, le dijo a su madre: "no tengo que ir el lunes". "¿Qué dices? Emboriada le preguntó su madre. Y su hijo le respondió: "te vi tan contenta que no quise cortarte el rollo". Y la madre siguió a lo suyo. (Un niño, una niña, o viceversa, no son un descuido de Dios, es un sueño hecho realidad). Gracias.
Y de soslayo hizo un bis. Miércoles, 12 de noviembre de un cumpleaños feliz.
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