De cuando en vez pienso que no existo, o que este mundo no es el mío. Yo de joven soñé otro mundo. Y vivir otra vida. Me cuentan que los jubilados, porque si la inflación y el tiempo y las nubes -no sé yo-, porque si las pensiones no llegan a fin de mes, porque si los jubilados no ayudamos a nuestros hijos qué será -yo no sé-, porque cuando digo que de joven soñé otro mundo estaba lejos de esta incomprensible realidad. Este mundo no es el mío, ni soy persona de este tiempo, pero hay más que menos jubilados que no pueden ayudar ni a sus hijos, ni siquiera ellos llegan a fin de mes y comparten habitación como los estudiantes de ahora y siempre. Hablo completamente en serio: esto no es manera de existir, prefiero ser absolutamente nadie. Hasta que los gobiernos... todo plan de gobierno es algo tentativo e incierto. Estoy perdiendo la esperanza que tenía reservada. En esta realidad fracasa hasta la libertad de expresión. Angelina Jolie en San Sebastián: "Amo mi país, pero no lo reconozco". (Mi mente absurda vive una tiranía y no ata cabos. Creo que debo tomar unos días de vacaciones o escribir nada hasta que mi país y el mundo se arregle. Entre Flor de María y lo demás estoy fuera del camino de la razón). Gracias.
martes, 23 de septiembre de 2025
lunes, 22 de septiembre de 2025
Es otoño y Eugenio vive.
Me gusta evidenciar los valores cuando la persona de quien hablo aún vive y entiende que su aporte en cualquier ámbito es reconocido. Pero aborrezco la hipocresía de decir cosas positivas acerca de quien no las merece. Son pensares con los que todos estamos de acuerdo. Hoy quiero hablar de un ser humano, admirable ser humano, de Eugenio, por ejemplo. Siempre trato de exaltarlo porque la gratitud es un incentivo que ayuda a ser mejores personas. Hablo mucho de ser mejores. (Ojalá que no sea remordimiento). Digo Eugenio porque aún suponiéndole defectos, su humanidad es superior. Si utilizáramos una balanza pesaría más su solidaridad y tanta sabiduría que cualquier conveniencia. Y me remito a esta mañana tomando café: Me dijo que no estaba enfermo, que solo tiene una condición que especialmente celebraba: "estoy vivo". Eugenio, vive. Qué engañado me tenía. Y tiene razón. La vida es un hecho que hay que festejar en cualquier circunstancia, un día, hoy. Existen causas para celebrar estar vivo, como conocer a una persona, apreciar sus valores y con el tiempo llegar a quererla. Lo dice Eugenio. Mi amigo es especial y discreto: vive en mí. Un día al azahar tomamos café y me cuenta historias de antes. De su vida lo que realmente importa, es decir, lo que hizo, no lo que no hizo y no hará. Me entristece recordar a Eugenio en otoño. Estación jodida que hoy irrumpe para los mayores. Otoño lluvioso y frío. La muerte es fría. Eugenio es un hombre sabio que deshoja los años exprimiéndolos hasta el límite. Hablo de Eugenio y me siento triste. Quizá sea porque callo más de lo que siento y digo: hasta la muerte todo es vida. Pactaría con un Dios comprometido otra vida. Una vida que, a pesar de todo, me permitiera conservar una sonrisa en los labios. Joder, hace tiempo que no río. Reír adorna la vida. Eugenio lo hace sencillo, se puede decir que es un hombre que construyó su vida a fuerza de esperanza y trabajo. Eugenio sabe llevar aliento a sus penas y a una aislada dolencia. Se puede y puedo decir mucho de él, pero nada tan, tan importante como que sigue vivo en mí. Hoy que entra el otoño me adentraré en Les Seniaes y echaré unas risas en honor a la amistad. Por Eugenio. Gracias.
domingo, 21 de septiembre de 2025
Saber irse antes de que te despidan.
Hace años, escribí un blog en un periódico (sin nombre, para no dar pistas) y un día fui por la redacción para hablar con el director y por el pasillo me encontré con un periodista de talento, pero muy borde y le pregunté por él: ¿Sabes dónde está el director? "No sé, estará por ahí tomando café diciendo ‘no’ a unos y ‘sí’ a otros". Casi siempre un poco de todo y de carácter opuestos. Cuando unos y otros dice "no" les veo venir, también tengo catalogado a los autómatas del "sí" Merecen la pena los capaces de salir con una aceptación o un rechazo súbito. Esos son los mejores. Iba de por libre y no me salió mal. Pero como no me pagaban, solo loas y las alabanzas, bah, si no es en misa nunca me interesaron. Todo tiene su principio y fin. A mí siempre me gustó tener a la colindancia, compañeros y vecinas, bien clasificados en el archivo en que resulta más accesible. Los que no encajan de antemano en ningún estante desafían mi criterio y eso siempre me trajo disgustos. A pesar de que soy fácil de contentar. Cuento más lejos mejor. Hay que joderse, me enrollé malamente con ustedes y no hable con el director de un asunto muy importante, según su secretaria, así que me dio cita para otro día. (Otro día no volví). Gracias.
sábado, 20 de septiembre de 2025
¿La fidelidad es el camino?
Sería conveniente echar la vista atrás para darnos cuenta de que una de las características esenciales del modus operandi de las familias, es la fidelidad. Hablo de un dios cualquiera, un partido político, un pescadero, un malabarista, y en ese plan. Son fieles con sus ideas y un descuido tapa otro. Siempre perdonan si de perdonar se trata. Y qué mal las tratamos. Están aquí desde que el pueblo es la familia, y no aparece su nombre en las calles del pueblo, ni en las bibliotecas. Solamente son diana de chismes de lavadero municipal. Qué desamparo. Se pueden morir y ni flores en el cementerio. No es fácil vivir así, y menos este tiempo donde la realidad cuesta sangre y la verdad es alterada por la politiquería de algunos que no saben ni aprenden. Joder, dona, pero cómo duele admitir que "cuando nos sabíamos todas las respuestas, nos cambiaron todas las preguntas". (Mario Benedetti). Esta frase nos invita a reflexionar sobre la incertidumbre de la vida. A menudo, creemos tener respuestas claras y estables, pero la realidad es que la vida es impredecible y nos enfrenta a situaciones que nos obligan a replantearnos la fidelidad y adaptarnos a nuevas circunstancias. Esta frase nos recuerda la importancia de la humildad, la adaptabilidad y la resiliencia para enfrentar cambios rebeldes y las incertidumbres que encontramos por el camino. Gracias.
viernes, 19 de septiembre de 2025
Nunca se me dio mal ser como soy.
No soy de admitir mis horrores, tal vez porque no los tengo, o porque me jode admitirlos. Santo no soy. Por decir: calumniar, hacer sangrar y echar sal a la herida, hacer que duela un dolor que ya dolía, molestarme por ofender a otros, o darle a quien merece su castigo, aunque no ayude a sentirse mejor, me llena de satisfacción. Lo que hago y eso es un tormento, es hacer mío el dolor de los demás. Tolstoi: "Si sientes dolor estás vivo, si sientes el dolor de los demás, eres humano". (Gaza, Gaza. Genocidio). Se lo dije a la dama que no me deja ir y no supo qué decir o no quiso, ella es un poco así, como si fuera a pasar un rato conmigo. Seguramente tiene que ver con la sensatez que debiera tener y no tengo. Que me explique por qué. "Eres un sociópata muy bien integrado en la sociedad". Chasco, piensa que no siento ni padezco. Mis decisiones son mías. Lo de tener una mente absurda de cuando en vez pienso que de nada me sirve y debiera ir y dejarme de buscar disculpas para no volver. Y aparece un dicho: "Deja ir lo que te mata, aunque te mate dejarlo". Puesto que para la verdad de un dicho hay otro que lo desmiente: "El remedio puede ser peor que la enfermedad". Pregunto: ¿Para qué rebajar mi condición, quién merece eso de mí? Reconozco que no se me da mal ser arrogante, indiferente y necio. Nunca se me dio mal ser como soy. Gracias.