"Cuando tenga un minuto te llamo y tomamos café". Fue cuando me di cuenta de que moriría sin tener algo relevante ella.
Sus asuntos inaplazables, el rechazo a los demás, tanta ansiedad. No le daba la vida para tanto. El tiempo solo desespera a quien espera. Pasó el tiempo y no solo no tomamos café, tampoco nos volvimos a ver. Un café y unas pastas de té. El café correría de su cuenta, de la mía las pastas de té. No sabía lo que ahora sabe: me quería tanto tanto como yo a ella, esa fue su condena. A veces el tiempo se aprovecha mejor haciendo nada. Era joven y se dejó llevar por los elogios sin saber lo que se estaba perdiendo. Si hubiera escuchado a su corazón y no a sus palmeras, se habría hecho un gran favor. ¿Y qué fue el colmo de los colmos? Creer que el 12 de octubre era fiesta nacional en su honor. Tanta arrogancia la llevó a dar en loco. Lo que sube baja y me cuentan que hay quien teme lo peor... En fin. Mandela dijo: "Yo no pierdo, o gano o aprendo". Gracias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario