Donald Trump y Benjamín Netanyahu (más Netanyahu que Trump, según parece) se han propuesto empujar al mundo a un conflicto del que se sabe cuándo comienza, pero no cuándo termina. El ataque "preventivo" a Irán se inscribe en esa tónica, cuya justificación se encuentra en el interés de un dirigente bélico que arrastra a Estados Unidos a un conflicto carente de apoyo interno, como lo evidencian las encuestas realizadas tras los bombardeos al país persa. Netanyahu actúa desde una lógica de preservación personal, teniendo la guerra como su seguro de vida, pues sabe que un Israel en paz significaría su ingreso en prisión por las órdenes internacionales. De hecho, tiene pendiente una condena de 12 años de prisión que no ha empezado a cumplir gracias a la inmunidad de la que goza por el cargo que ostenta. La mayor evidencia de que Netanyahu ha arrastrado a Estados Unidos a una guerra sin ninguna justificación, la tenemos en las declaraciones de altos cargos de la Administración Trump, quienes han dicho que decidieron atacar a Irán porque de no hacerlo, Israel les tomaría la delantera y entonces tendrían que ingresar de segundones. Trump actúa como un macarra que se deja manipular por un tipo que tiene las manos manchadas de sangre y que solo actúa para salvar su pellejo, sin importar que el mundo arda en llamas y, sobre todo, sin medir las consecuencias de acciones de guerra de las cuales tiene pocas posibilidades de salir airoso. Y Sánchez, el aliado "terrible", aunque tarde, la UE salió en su defensa: "España es un miembro clave de la OTAN que cumple con sus compromisos y contribuye de forma destacada a la defensa del territorio europeo. Se garantiza que nuestros intereses están protegidos". (Dicho esto, solamente falta buscar acomodo al emérito cuando llegue su muerte, pues quiere ser enterrado en Granada junto a los Reyes Católicos. "Tanto monta, monta tanto Isabel...". Imagino a Fernando camino de Aragón). Gracias.
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